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“Es pelota se fue directo a Xochicalco Street.” Oscar el “Rápido” Esquivel

Un cronista de beisbol, al menos uno bueno, resulta tan familiar como un miembro de la familia. Nos acostumbramos a sus frases hechas, a su tono, o a sus expresiones de júbilo ante una jugada extraordinaria. También reconocemos su voz en cualquier lado, pues nos acompaña durante largas horas en una temporada. Entra a nuestras casas y a nuestros autos en el tránsito de regreso del trabajo, se vuelve tan familiar, que te refieres a él como alguien conocido.

Hay cronistas del pasado que se quedaron en nuestro corazón, que recordamos con cariño y que admiramos por sus vastos conocimientos de beisbol, por su estilo y sobre todo, porque se ganaron el respeto de la audiencia, pues hacían algo que parece difícil de lograr hoy en día: narraban el juego de pelota de manera objetiva, sin eufemismos ni mentiras piadosas que ofendieran la inteligencia de la afición.

Recordamos por ejemplo al gran Oscar el “Rápido” Esquivel, quien tenía frases memorables como aquella que rezaba: “Si usted tiene un enemigo, no lo ahorque, no lo fusile, no lo queme, simplemente métalo de umpire.” Era un comunicador que siempre estaba de buen humor y que agregaba chispa a sus crónicas. De inigualable estilo, fue elegido al Salón de la Fama del Beisbol Mexicano en 1989, tres años después de su sensible fallecimiento.

Quien vivió la Fernandomanía no podrá negar que el trío formado por Jorge el “Sonny” Alarcón, Pedro “El mago” Septién y Antonio de Valdés fue significativo en su afición al beisbol, pues en cada juego narrado hacían una demostración de conocimientos sobre todos los aspectos del deporte, que además resultaban didácticos para los chamacos que seguíamos las transmisiones de los juegos de Dodgers en aquel lejano 1981. Debemos mencionar también a Tomás Morales, una institución de nuestro beisbol. Tantos nombres y tan poco espacio.

Hoy Afición Escarlata se cuestiona: ¿Qué hace a un buen cronista de beisbol? Pregunta difícil, aunque trataremos de contestarla con algo más que –Conocer el beisbol o tener buena voz y dicción- y para ello ponemos a consideración del amable lector las siguientes características, que obviamente no son las únicas, pues podría escribirse todo un libro sobre el tema.

1. Pondera la importancia de los resultados. El cronista debe tener la habilidad de ver la acción en el terreno como lo que es: un juego, pero a la vez y aunque parezca paradójico, sin dejar de darle valor al evento. Los grandes cronistas saben que la importancia de ganar o perder un solo partido rara vez resulta significativa, pues en realidad se juegan muchos en una temporada. Sabe también que hay encuentros que sí lo son, como cuando se va a romper un récord, un séptimo juego de playoffs, o cuando se han perdido nueve al hilo.

2. El silencio es oro. Un buen cronista no tiene miedo a omitir su comentario. En la mayoría de las ocasiones, la acción habla por sí misma y no es necesario calificarla. Imagine usted que le tocó narrar el momento en el que Nelson Barrera conectó su homerun 454 en el Estadio Vasconcelos: “El pitcher va al plato y ….” (se escucha el golpe del batazo)… silencio por unos segundos… la afición ruge… usted, como buen cronista dejó que el momento -y no sus palabras- hicieran historia. Este es un toque de genialidad que permite al oyente sentirse en el estadio.

3. Moderar el uso de frases hechas. Así como mencionamos las frases del gran “Rápido” Esquivel, resulta contraproducente que un cronista abuse de las frases hechas. Está bien encontrar una forma personal de narrar un homerun, pero gritar a voz en cuello “Doscientos litros de tiner y cerillito prendido” cada vez que hay un ponche, puede cansar a la audiencia. Moderación es la clave.

4. Mantener la objetividad y gracias a ello la credibilidad. Se puede apoyar al equipo de casa, finalmente se es la voz oficial de determinado equipo, pero jamás puede perderse la objetividad. Las narraciones, o son apegadas a la realidad, o resultan ofensivas a la inteligencia del auditorio. Por otro lado, las adulaciones exageradas, los adjetivos inadecuados y los eufemismos (manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante) son prácticas que empobrecen la labor de un cronista pues le restan credibilidad.

5. No se tiene que ser perfecto, pero sí constante. Ningún cronista, por experimentado que sea es perfecto. Sin embargo, puede tratar de ser constante en su propósito de hacer las cosas bien. Errores cometemos todos, el chiste es que no afecten el resto de la narración.

6. Hablar de beisbol. Casi todos sabemos que Antonio de Valdés le va al Atlante, pero no lo escuchamos nunca en una narración de beisbol. Tampoco interesan al oyente los chistes locales entre comentaristas. Para llenar los espacios puede echarse mano de la rica historia del deporte o de las estadísticas para poner color a los comentarios.

7. Prepararse y decir el score cada tres minutos. A la audiencia le gusta saber más sobre los peloteros, sobre sus gustos, talentos escondidos, etc. Elegir la información adecuada es importante y más vale preparar de más que de menos y ya no tener de qué hablar en la quinta entrada. El score es primordial, no tiene mayor explicación, cada tres minutos y no sólo cuando termina el inning.

Finalmente, sentir una verdadera pasión por el beisbol, ser consciente de la responsabilidad que implican nuestras palabras al aire y evitar la arrogancia. Esto último sólo se logra cuando sabemos distinguir el elogio de la adulación y la crítica de las alusiones personales.

Referencias:

Baseball Broadcasters. http://www.baseballbroadcasters.com/
Salón de la Fama del Beisbol Mexicano http://www.salondelafama.com.mx/
Real Academia Española http://buscon.rae.es/

Saludos y hasta la próxima.

PGF

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