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El martes 11 de septiembre del 2001, los Yankees de Nueva York iban en primer lugar de su división con una ventaja muy cómoda sobre los Red Sox de Boston. En la liga nacional, la pelea era un poco más cerrada entre los Bravos, los Phillies, los Dodgers y los Gigantes de San Francisco. Sin embargo, el ataque a las Torres Gemelas detuvo al béisbol, como casi todo en los Estados Unidos y particularmente en la ciudad de Nueva York.

El comisionado Bud Selig suspendió todos los juegos desde aquel martes negro hasta el domingo de esa semana. Solamente en dos ocasiones anteriores se había detenido el béisbol por razones de guerra o seguridad nacional: El 6 de junio de 1944 (Día D) y en 1918 cuando Estados Unidos entró a la Primera Guerra Mundial y se decidió acortar la temporada.

Podría parecer un tanto trivial el mencionar la importancia de nuestro deporte ante un evento de la trascendencia del llamado 9/11, sin embargo, el béisbol trajo alivio al pueblo estadounidense de muchas formas, aunque en el caso de los neoyorkinos eventualmente los Yankees perdieran la serie mundial ante los Diamondbacks de Arizona en aquel memorable séptimo juego en el que Mariano Rivera perdió su magia.

Así como durante la Gran Depresión de 1929 el béisbol ayudó a los norteamericanos a creer en algo y a tener momentos de alegría. También les ayudó a comprender que a pesar de los graves momentos que se vivían, su país seguía adelante. Lo mismo pasó durante la Segunda Guerra Mundial, el presidente Roosevelt comprendió que el béisbol podría traer paz a la casa de los ciudadanos y por eso lo regresó en la primavera de 1942 después del ataque a Pearl Harbor.

Durante la pausa de seis días, muchos peloteros de los Yankees optaron por reunirse con sus familias, como Roger Clemens y Andy Pettitte, que se fueron manejando de Nueva York a Texas. Otros, como Bernie Williams, Derek Jeter y el mánager Joe Torre decidieron quedarse a reconfortar a los familiares de las víctimas. En una entrevista especial para MLB.com Torre recuerda que aunque su trabajo es ganar siempre, en ese momento les correspondía distraer y ayudar a cicatrizar un poco las heridas causadas por la tragedia.

No sólo los Yankees, los Mets también hicieron su parte. En su reaparición después de la suspensión, ganaron un juegazo ante los Bravos de Atlanta utilizando gorras y cascos con los acrónimos FDNY y NYPD que corresponden al cuerpo de bomberos y al departamento de policía de Nueva York, como un homenaje a estos valerosos hombres y mujeres. Increíble que el comisionado Bud Selig impida, como cada año desde entonces, usar estas gorras y cascos a los jugadores y coaches de los Mets.

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El béisbol también ayudó a los norteamericanos a manifestar su patriotismo y la unidad del pueblo estadounidense ante la cuita. Desde entonces, en la séptima entrada de algunos estadios de grandes ligas se canta el “God Bless America,” (Que Dios bendiga a los Estados Unidos), una canción que es casi como una oración. Generalmente la tocan en juegos especiales y los domingos, aunque Dodgers, Yankees y Bravos lo hacen permanentemente. Siendo mexicana y ampliamente nacionalista, créame que sentí la piel chinita cuando lo escuché en el Yankee Stadium, no pude sentir sino solidaridad con la ciudad y su tragedia.

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