Una de las cualidades más difíciles de adquirir para un periodista deportivo es la de comprender que entre los atletas no hay héroes ni villanos, sino solamente seres humanos con defectos y virtudes. Así, podrá uno analizar con objetividad el comportamiento adentro y afuera del terreno de juego de un pitcher de portentosas hazañas, pero que es tartamudo; de un fantástico bateador y corredor de bases que resultó tener un problema de ludopatía; o de uno de los mejores jardineros de la historia del béisbol mexicano, pero que cometió el delito de estupro. Son solamente seres humanos y así hay que retratarlos.

Sin embargo, cuando veo las transmisiones de la Serie Mundial de Ligas Pequeñas en Williamsport, siempre me llama la atención que al presentarse ante las cámaras, se pide a los peloteritos que digan a qué beisbolista admiran. Salen nombres como Alex Rodríguez, Melky Cabrera, Bartolo Colon, o el recientemente famoso Yunel Escobar. Me pregunto ¿Serán conscientes estos atletas de la responsabilidad que implica portar un uniforme de grandes ligas? ¿Ser admirados por niños y jóvenes y ser vistos como ejemplo a seguir?

Ojalá la admiración de los chiquitos de Williamsport se basara en los peloteros que son acreedores al premio Roberto Clemente, ahí de menos estaríamos hablando de jugadores generosos y socialmente responsables. Afortunadamente hubo algunos niños del equipo mexicano que mencionaron a Adrián González, un hombre que hace mucho por su comunidad a través de la Fundación Adrián y Betsy González. Se mencionó también a Joakim Soria, que tiene una fundación en su natal Monclova, Coahuila y que apoya a niños con talento.

Los atletas profesionales están en todo momento ante los reflectores y tienen, les guste o no, estén o no de acuerdo, la obligación de comportarse ejemplarmente, al menos mientras porten el uniforme de su equipo ¿Por qué? Simplemente porque esos seres humanos imperfectos son héroes de millones de aficionados jóvenes. Es por eso que estamos de acuerdo con la sanción que recibió Yunel Escobar por usar calcomanías anti-reflejantes bajo los ojos con la leyenda “Tu ere maricon” (sic).

La homofobia es una forma de discriminación cuyo combate debe empezar desde casa. En los Estados Unidos se considera una falta grave, no tanto como la del racismo que está más arraigada, pero sí hay muchos activistas con influencia en los medios y en el gobierno que pudieron haber armado un boicot en contra de los Azulejos de Toronto y hasta de la MLB por el desliz de Escobar, de no haber actuado el equipo con celeridad y dureza.

Finalmente, ya que hablamos de homofobia, la homosexualidad es un tema tabú en el béisbol. De entre las decenas de miles de peloteros que han desfilado por las ligas mayores en la historia, solamente dos han tenido el valor de salir del clóset: Glenn Burke, que jugó para los Dodgers y los Atléticos de Oakland en los años 70 del siglo pasado y Billy Bean (no confundirlo con Billy Beane el de Moneyball), que tuvo una corta carrera en las mayores de seis años jugando para Detroit, Dodgers y Padres de San Diego ¿Cuántos más habrá que no se atreven a declarar abiertamente su preferencia sexual?