Cuando llega el clásico de otoño, los analistas, columnistas, reporteros, cronistas y demás especies salen a sus medios y a las redes sociales, ya sea por iniciativa propia o a petición de sus patrones, a tratar de predecir al ganador de la Serie Mundial. Con la autoridad que les dan años, o tal vez décadas de ver béisbol, lanzan frases como: “Los Gigantes tienen una mejor rotación que los Tigres y por ello serán campeones,” o “La ofensiva de Detroit es muy fuerte.” No los critico, al contrario, respeto todo lo que leo de muchas y muy admiradas plumas beisboleras. Sin embargo, me parece que no toman en cuenta la posibilidad de que por ejemplo Matt Cain de Gigantes tenga una mala salida, o que Miguel Cabrera caiga en un slump. Es decir, no toman en cuenta lo fortuito que puede ser el resultado de un juego de béisbol.

Los Gigantes de San Francisco se llevaron el primer juego de la Serie Mundial en una clara victoria sobre los Tigres de Detroit y su mejor pitcher Justin Verlander, de hecho el mejor lanzador de la Liga Americana. Quien haya visto el juego de ayer y el séptimo de la serie contra Cardenales, podrá atestiguar que los “breaks” del béisbol están todos del lado de los californianos. Aquel batazo inesperado de Hunter Pence que rompió el bat y que, por increíble que parezca, le pegó a la pelota tres veces con un mismo swing fue clave para la victoria sobre los pájaros rojos. Ayer también vimos un par de jugadas que favorecieron a San Francisco y que solamente podemos atribuir a su buena fortuna.

A pesar de ser un deporte que depende casi patológicamente de los números y las estadísticas, hay un factor que a veces resulta ser clave para ganar un juego de béisbol, una serie de postemporada, o incluso para llevarse la Serie Mundial: la suerte. En los tiempos recientes ha surgido un nuevo tipo de analistas de béisbol que basan sus predicciones y opiniones en fórmulas complicadas, proyecciones estadísticas y demás alquimias matemáticas para sustentarlas. Los viejos analistas todavía hablaban de breaks, química, herramientas, jugadores clutch y motivación. Los primeros votarán por Mike Trout para MVP de la Liga Americana y los segundos por Miguel Cabrera. Yo creo que debería haber una combinación de ambos, pero voy Cabrera.

El diccionario de la Real Academia Española define como suerte la circunstancia de ser, por mera casualidad, favorable o adverso a alguien o algo lo que ocurre o sucede. Si llevamos esta definición a términos beisboleros, significa que un equipo o jugador son beneficiados por un evento que es impredecible y que el equipo contrario se ve afectado por su ocurrencia. En un deporte que tiene millones de variables y posibilidades en una misma jugada, podemos hablar de hits que pegan en la almohadilla y toman una dirección inesperada (como ocurrió hoy a Miguel Cabrera), una mala decisión del umpire, o incluso que un aficionado toque una pelota que está en juego.

Es por esto que resulta muy difícil predecir el resultado de una Serie Mundial. Quien lo intente podrá basarse en las estadísticas de los pitchers, de los bateadores, de los juegos disputados en casa y de visitante, etc., etc. Por ejemplo, cuando Leyland anunció a Verlander como abridor del primero de la serie, la creencia común era que se trataría de un juego cerrado y con la ofensiva de Gigantes puesta a raya por los lanzamientos del MVP, Cy Young y triple corona de pitcheo de la temporada 2011. Sin embargo, se comprobó de nuevo que así como cualquiera tiene una mala salida, el béisbol es impredecible. Por cierto, voy Gigantes, aunque no apostaría ni un peso a su favor.