Cuando eres niño ser zurdo genera muchas frustraciones. En la escuela tienes que aprender con objetos que no están diseñados para ti y que afectan tu desempeño. Por ejemplo, las tijeras (en mi tiempo del kinder no había para zurdos) hacían que me dolieran mis deditos y me negaba a terminar los trabajos, lo que obviamente era mal interpretado por la maestra.

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Aunque eso no es nada comparado con aprender a escribir. Los trazos que te enseñan son muy difíciles y no entiendes por qué tus cuadernos terminan todos embarrados de lápiz, así como tu mano y generalmente no pasas del 7 en caligrafía. Aún recuerdo la angustia que sufría cuando en 6° nos obligaban a usar pluma fuente… era horrible porque por más esfuerzo que pusieras, siempre te salían con que “está muy sucio”. De regaño cotidiano.

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Mi maestra de 5° me obligaba a sentarme en su escritorio cuando hacíamos exámenes porque según su limitada interpretación, desde mi banca podía copiar más fácilmente por ser zurda. Vieja obtusa, era a mí a quien copiaban, pero la humillación ahí estaba y ese “tratamiento especial” me picaba el orgullo intelectual.

Sí, te sientes diferente y frustrado porque te cuesta trabajo abrir latas, cerraduras, frascos y no es muy lógico circular del lado derecho como todo el mundo ¿Dije lógica? Eso es lo que nos salva a los zurdos, pues aprendemos a resolver y a descifrar el mundo a través de la lógica, que se nos da muy bien.

En la escuela tal vez no tengamos los cuadernos más limpios y bonitos, pero en cálculo mental somos invencibles y no se diga para resolver problemas de todo tipo. Lo mismo en español y en inglés, de los mejores de la clase. Resulta una bendición que tu hemisferio derecho sea el dominante y que el izquierdo se estimule diariamente por los retos de la cosmogonía diestra.

Tal vez no somos más inteligentes como a veces se dice, pero la hostilidad del medio te obliga a adaptarte. Por ejemplo, aprendí a restar con gran habilidad cuando tenía que trazar líneas con una regla cuya numeración se me dificultaba porque era de izquierda a derecha. Entonces, si tenía que hacer una recta de 3 cm, ubicaba el centímetro 10 y deslizaba mi lápiz hasta el 7. Una angustia menos.

¿Manejar? Todo con el pie derecho si tienes carro automático y si es de cambios, la palanca está del lado diestro, por supuesto y aún así, manejamos mejor y somos menos proclives a tener accidentes. Darwin estaría muy orgulloso de nosotros porque nos adaptamos y sobrevivimos.

Recuerdo que de niña me sentía diferente y mi mamá no solamente me enseñó a escribir sin torcer la mano, también me compró un libro que tenía una lista de grandes hombres y mujeres que como yo, escribían con la mano izquierda: Aristóteles, Napoleón, Leonardo Da Vinci, Benjamin Franklin, Kafka, Goethe, Marie Curie, Mozart y uno que de plano me hizo sentir mejor: Babe Ruth.

Claro que también existe la leyenda urbana (que por envidia) dice que somos más afectos a ser asesinos en serie o enfermos de esquizofrenia. Por ejemplo Jack el Destripador y el Estrangulador de Boston eran zurdos, pero eso seguramente se trata de una coincidencia.

Ser zurdo significa que tenemos dominado el lado artístico del cerebro, por lo que somos imaginativos, creativos, ambiguos, desesperantes, necios, emocionales, inteligentes, obsesivos, originales, buenos para los deportes, pero nunca… jamás seremos aburridos.

Y si de leyendas urbanas se trata… dicen, aunque no me consta, que todos los hombres y mujeres nacen zurdos, pero se vuelven derechos después de cometer su primer pecado, me cuentan.